sábado, 21 de septiembre de 2019

PREMIO IMÁN 2019

Una vez finalizado el periodo de votación, nuestro compañero
Ramón Acín Fanlo ha resultado elegido Premio Imán 2019.
La entrega del premio tendrá lugar el jueves 21 de noviembre a las 20:00 h. durante la Gran Gala de la AAE.

domingo, 15 de septiembre de 2019

CONVERSACIONES CON EL AUTOR: ÚLTIMA SESIÓN

Coordinación: Ramón Acín.
24 DE SEPTIEMBRE:
18 h. Biblioteca de FUENTES DE EBRO (Zaragoza)
20 h. Antiguo Salón de Plenos. DIputación de Zaragoza.

lunes, 24 de junio de 2019

A LO LARGO DE LA VIDA; ENTREVISTA en CAZABARET


Cazarabet conversa con....
Novedades nº 36  -   Entrevistas con autores/editores  22 de junio de 2019


Os dejamos la sensacional entrevista que Javier Díaz Soro y nuestros amigos de Cazarabet han hecho con Ramón Acín con motivo de la publicación de "A lo largo de la vida".
Y de paso, os informamos de que el martes 25 de julio, a las 20:00 horas, Ramón Acín charlará con Miguel Ángel Yusta en la FNAC de Plaza España, actividad coorganizada por la Asociación Aragones de Escritores.
CAZARABET.COM
La narración, de narraciones, de Ramón Acín es sosegada, pero a la vez incisiva….siempre nos hace pensar y repensar lo que somos y qué hacemos en la narración o entre la narración que Acín propone.

jueves, 20 de junio de 2019

I CONCURSO LITERARIO "RAMÓN ACÍN" (Entrega de premios)


LA MUJEr, TEMA DE DEBATE


MÚSICA DE ÓPERA (Soledad Puértolas)


LO IMPERCEPTIBLE, MÚSICA Y GUIÓN DE VIDA. (*)
Ramón Acín

Doña Elvira, su sobrina Valentina y su nieta Alba ejercen el protagonismo esencial (hay otros más y femeninos, por supuesto) en Música de ópera, la última entrega de Soledad Puértolas, quien, como ya es habitual en su dilatada estela literaria, a la hora de relatar acontecimientos de la vida y de la Historia juega fuerte al embalaje narrativo de la insinuación frente a cualquier forma de evidencia. Tres mujeres que, además de un fuerte ensamblaje familiar, poseen también otros interesantes hilos de conexión moral y vital. Hilos sutiles que les permiten pasarse el testigo de una existencia conformada ante todo por la despreocupación (obsérvese la función de los viajes), la orfandad y el fluir cotidiano. Pues ellas son quienes dibujan a la perfección el quicio vital de la novela con su dejarse llevar por las circunstancias, su vivir próximo a la ignorancia (o en ella) y protagonizando la película de la vida sin casi ser conscientes de ésta al bogar con dejadez por la comodidad cerrada de la casa familiar y la presencia de sus componentes. Un dibujo plasmado, además, con un estilo delicado y acertado que busca en último término la invitación de cierta participación del lector. Un lector que queda atrapado (y prendado) en la tela de araña narrativa donde abundan las zonas opacas envolviendo a los personajes y a los sucesos que estos llevan a cabo y que, por supuesto, también los modelan.

De nuevo Soledad Puértolas manifiesta ese uso perfecto de la insinuación propio a su narrativa. Insinuación basada en la exposición mínima de hechos y de tiempos para, sin embargo, abarcar el máximo de la vida y de la historia que, al fondo, ofrece lo relatado. Un uso declarado en la misma novela pues no en vano se nos advierte que “hay partes de la vida que se desenvuelven en la oscuridad, a salvo de las miradas de los otros” (p. 198). Un ejemplo señero del arte de la insinuación explorado por Soledad Puértolas puede rastrearse en el rápido dibujo de algunos personajes masculinos, apenas desarrollados como Justo. Pues, tras los simples brochazos de su existencia, el lector intuye la sensación de profundidad que late más allá de su papel secundario y de apoyatura o contorno a la historia con mirada femenina. Se trata de marcar límites, pero al mismo tiempo de dejar abierta la posibilidad de ahondar con el poder de la insinuación. Pues la exploración de lo opaco, difuso o en penumbra posibilita la sugerencia continua y a través de ésta se alienta la posibilidad de ahondar más allá de lo que se ve o se escucha (en este caso se narra). Porque la realidad es mucho más amplia que la visión proporcionada por los sentidos y demás las limitaciones del ser humano

Por si fuera poco en Música de ópera, junto al enorme poder de la insinuación, debe citarse también el logro de la mirada femenina abordada por Soledad Puértolas. Una mirada que es suministrada directamente por las tres protagonistas citadas, aunque sea Alba quien realmente, en último termino, recupere todo cuanto se relata, reflexione sobre esas recuperaciones y las exponga al lector mediante una especie de indagación sobre la vida y los hechos que edifican la novela. Mirada femenina pese a la enorme presencia del narrador (uso de la tercera persona narrativa) latiendo siempre con energía al fondo de lo relatado. Y mirada femenina o mejor miradas de mujeres que casi sienten no pertenecer al mundo que se desarrolla a su alrededor y que, sin embargo, sí muestran los modos y maneras de estar y proceder en la vida durante una época especial. Una vida y época especiales, eso sí, vividas por personas que pertenecen a una clase acomodada en una ciudad de provincias (Zaragoza, nunca evidente y sí insinuada) y en unos tiempos muy precisos (tres generaciones en el meollo del siglo XX) que, poco a poco, el tiempo va desmoronando. Ésta es la clave de la novela: mirada femenina que permite relatar el conjunto de la vida desde lo más leve o mínimo, además de por dentro y desde dentro (repito: en familia y en casa) remarcado todo ello de manera sustancial por un entorno especial que deviene además en la plasmación de atmósferas envolventes muy precisas. De ahí que el desarrollo de una España en guerra, de una España en posguerra y de una España en busca de un tímida abertura al mundo aparezcan como simples ecos, plasmando así casi sin citarla, con brevísimas notas y en lontananza, la realidad que, sin duda, existió. Por eso, a la hora de la lectura, interesa fijarse no tanto en el plumazo grueso de la historia colectiva que yace al fondo, sino en la cotidianidad doméstica y familiar del primer plano. Cotidianidad capaz de visibilizar con potencia la realidad vital a pesar de su mucha penumbra, oscuridad, miradas hacia otra parte y silencios por los que navegan los personajes. Lo que en verdad interesa recalcar, con menciones simples, es la potencia de lo mínimo y de lo imperceptible como guión de vida. Es decir, el universo de la familia por dentro y desde dentro para, con ello, intuir en la lejanía el conjunto de un país que se adivina en guerra, primero, y solitario, aislado y rezagado después. Representativa es la exposición del drama de la violencia, del horror, de los miedos y de los silencios forzados de la guerra civil como un rumor de fondo (pero no por ello privados de dureza y dolor) para mostrar el aliento vital y el modo de vivir de tres mujeres (generaciones) en una ciudad de provincias. Al final, el dejarse llevar, el desinterés, el sentimiento de desplazado, la ausencia de valentía, la orfandad o, incluso, la ineptitud ante el río de la existencia es lo que manda. Eso es lo que, en definitiva, encarnan las protagonistas en mayor o menor medida. Y como ejemplo emblemático, la actitud de Doña Elvira, la gran matriarca, cuya actuación central es delegar (o descargarse de problemas) tanto en lo físico con el administrador de los negocios (a la postre un estafador) como en lo personal y espiritual a través del callado fantasma de Dorotea, su amiga fallecida. Léase y a fondo.

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Soledad Puértolas. Música de ópera. Barcelona, Anagrama, 2019. 274 pp.
(*) Publicada en la revista TURIa nº 131.

LLUVIA FINA de Luis LANDRERO


EL PESO DE LA MEMORIA Y LA PALABRA NO ES INOCENTE. (*)

Ramón Acín

Desde el comienzo mismo de Lluvia fina, Luis Landero advierte de los derroteros por los que caminará su novela, pues el personaje relator apunta con claridad que “hay algo en las palabras que, ya de por sí, entraña un riesgo, una amenaza” y, también, de que no es verdad de que el viento se lleve las palabras de tan forma fácil como popularmente se dice y hasta se admite (p.11). Es, sin duda, un evidente aviso para navegantes. Un aviso que aletea contumaz para, a la conclusión de la historia, erigirse altivo y acabar dando luz (pese a la sorpresa del inesperado final) a los muchos entresijos de tanto dime y direte o de las tantas sombras e insinuaciones acumuladas mediante las diversas perspectivas que se narran (no olvidar nunca que Lluvia fina se construye sobre una abultada suma de perspectivas). Unos entresijos que, además y a la vez, también agrandan y adensan todo cuanto se pretende contar (y reflexionar) en la novela y con la novela.


Sin duda sucede así en Lluvia fina porque en la vida misma las palabras que describen el regreso desde el hondón de la memoria (o que recuperan la memoria) nunca actúan de forma inocente dado que, sobre sus hombros, éstas portan mucho de reivindicación, de reajuste, de discordia y, por supuesto, de falsedad (“cuanto mayor es el olvido, mucho más rico y detallado es también el recuerdo” p. 262). Lluvia fina, por tanto, se va armando sobre un cúmulo de palabras que emergen desde la oscuridad del secreto y desde la oscuridad del pasado. Y son, por tanto, palabras que surgen en son de guerra y, por supuesto, cargadas de agravios, de retoques, de intercalados innombrables y de intereses espúreos, aunque, a la vez, también sean palabras que conlleven siempre la capacidad de apaciguar parte del dolor y de la insatisfacción individual que envuelve a todo dios en la “dura condena del vivir” (p. 26). Porque nadie puede dudar de que, en realidad, todo dios al hablar de sí mismo reinventa más o menos su vida. Y también de que en cuanto uno puede se vacía así de las muchas cargas que supura el peso del pasado.

A todo ello se dedica el río subterráneo de Lluvia fina cuando va destripando de forma acumulativa el transcurrir vital de los miembros de un clan, unido por lazos de sangre y de ¿amor? fraterno, marital y familiar. Un transcurrir vital propenso a la rutina con sus punzadas de nostalgia y tedio, con su pozos innombrables, con sus envidias y su secretos. Un transcurrir vital que tiende más hacia una interesada y parcial recuperación (entrevista más que otra cosa) a través de la narración (mejor, confesión) desde el interior mismo de los protagonistas que construyen la novela. Y un transcurrir que se muestra (al tiempo que acumulativo, clarificador) mediante el continuo e intercalado fluir de varias versiones personales, aparentemente ingenuas y veraces, en boca de cada miembro familiar y que además de contar/confesar/aportar la perspectiva (parcial) de su vida personal y en común, descarga también el amargor individual de sus conciencias. La familia, célula clave de la vida social, sirve así de potente epicentro para el seísmo que encierra Lluvia fina. Porque de eso se trata, de contar un seísmo familiar que, como los volcanes, sacará a la luz toda la inmundicia retenida y su capacidad para el desastre. Es decir, mundo familiar y mundo particular enroscándose ambos en continuas conjeturas que se prolongan entre claroscuros y matices, a veces absurdos, pero que permiten también el magnífico perfilado de todos los personajes, cada cual en su mundo particular a pesar de la obligada convivencia. Por fortuna, Landero sabe desdramatizar con el acertado uso de la ironía y del humo entre ese “montón de palabras que son como fieras enjauladas y hambrientas que están rabiando por salir a la luz” (p. 142).

Landero juega con la fuerza de la palabra y hace uso de ella como si ésta fuera una sutil espoleta, capaz de retardar y de accionar la explosión narrativa de la historia colectiva que se va narrando (historia que, a su vez, es suma de varias historias personales, no olvidarlo). Y lo hace de la forma más sencilla y propia a su esencia: relatando (tal vez sería mejor decir “confesando”) perspectivas individuales que tiene muchísimo de cuento, porque, en realidad, a la postre tan sólo se trata de descargar la conciencia y de sacar a pasear (y así airear y, por tanto, disipar al menos de forma individual) los muermos personales retenidos en el fuero interno de cada personaje. Unos personajes que así consiguen vaciarse de su amargor, vomitándolo en quien quiera escucharlos y ejercer el papel judeocristiano de confesor. Un papel que en Lluvia fina lleva a cabo la paciente Aurora (a veces, Aurori, un diminutivo significativo), el personaje más ajeno al clan familiar que la novela pone en tela de juicio proyectando unas vidas que son mezcla de realidad y de reinvención. Aurora es, pues, quien da cuenta de la “lluvia fina” o de que a palabra nunca es inocente y también quien da cuerpo y volumen al resto de los protagonistas con el pegado de tanto fragmento a través de su ¿interesada? mirada.

Por otra parte, Landero además de ser en Lluvia fina un maestro en el uso de la perspectiva, también lo es en el uso del lenguaje por el acertado acomodo a cada personaje. Un uso del lenguaje de arco muy amplio, capaz de contener desde lo popular con regusto a refranero a la precisión según momento episódico y actor (remito a la descripción o visión de Sonia en su relación con Horacio, llena de referencias infantiles, propensas al ensueño, a la aventura y a la inocencia en duro contraste con la malévola actuación de Horacio y, también, como contrapunto a la diferencia de edad entre ambos). En suma, lluvia torrencial porque no hay párrafo sin sustancia. Función del secreto, de la convivencia familiar, del valor de la memoria, de las épocas de la vida, de cómo se conforma el carácter de las personas y, por supuesto, del mismo discurrir de la existencia personal y social.

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Luis Landero. Lluvia fina. Barcelona, Editorial Tusquets. 2019. 268 pp.
(*) Publicada en TURIA, nº 131.


LOS DESERTORES, de Joaquín BERGES



DESERCIÓN MÚLTIPLE (*)
Ramón Acín

“La vida de un motor depende del combustible” (p.268) afirma en una de sus metáforas el narrador de Los desertores, la última novela de Joaquín Berges (Zaragoza, 1965) mientras va desgranando las peripecias y adversidades de Jota, el protagonista clave de una de las tramas narrativas. Y es verdad, cualquier vida, para proseguir en su avance, necesita “combustible” y si éste es de mala calidad, escasea o se acaba, el rumbo de la vida languidece por lo general en el imprevisto. De eso trata, precisamente, Los desertores, una novela que compagina, como mínimo, dos momentos históricos que, con un interregno de casi cien años entre ambos, ahondan paralelamente en el tema del abandono y sus múltiples caras: abandono de la vida tocada en suerte, de la palabra dada o juramentada, de la profesión...e, incluso, hasta de los sentimientos.

Abandonar es desertar del camino trazado, heredado o elegido. Desertar es hacerse invisible ante los demás, aislarse del presente, vivir lejos de la compañía adecuada o encerrarse en sí mismo, abrazando un juego de mentiras y chantajes que siempre lleva directo al fracaso. Acertó el escritor Miquel Martí i Pol cuando afirmó que “la verdadera muerte es desertar”. Por eso, la novela de Joaquín Berges contiene muchos más desertores que los dos desertores históricos que, al principio, el lector imagina cuando se enfrenta a la lectura y aquí reside uno de los grandes logros de Berges, porque cada personaje conlleva sorpresas ocultas a su costado.

Los desertores está construida sobre un aséptico (en principio) quicio de un viaje. Un viaje duplicado. Uno, por la Historia (tanto en la vertiente universal de la I Guerra Mundial que desemboca en lo individual, caso de Alfred, el soldado desertor) y, otro, sobre un viaje personal, el que conforma el desplazamiento que llevará a cabo el personaje Jota (la vida misma, no olvidar, siempre es viaje). Son dos cimientos estructurales a tener muy presentes en la lectura de la novela, porque ambos destilan enseñanza y permiten la comprensión final de los varios temas que se cobijan en su interior.

El viaje por la Historia traslada al lector hasta el epicentro de unos sucesos verdaderos, trágicos y claves para la humanidad. Sucesos que enmarcan acontecimientos de la I Gran Guerra y, más en concreto, en algunos de los que acaecieron en la famosa“tierra de nadie”de la larguísima batalla del Sonme, donde los muertos se multiplicaron por millares, dados los abundantes ataques y contrataques de la inamovible lucha de trincheras. Son sucesos que Joaquín Berges encuadra a la perfección mediante un riguroso uso de la disciplina histórica (los fragmentos marcados mediante numeración romana), a la par que, después, consigue matizarlos con la proximidad que destilan las cartas que los soldados escriben a sus familiares (como Alfred a su padre) y con los poemas con los que esos los soldados desahogan sus cuitas ante una guerra sin sentido, cruel, ominosa y engullidora de vidas.

Por su parte, el viaje físico (el que Jota lleva a cabo a lomos del camión conducido por la aguda Geike), además de una traslación física en el espacio, supone un descenso a los infiernos interiores del protagonista. Infiernos plagados también de una sustancia trágica similar a los bélicos de la I Guerra Mundial (en la medida individual y no universal, aunque finalmente acaben funcionando de igual manera). Porque el vacío, la soledad, el remordimiento y otros muchos padecimientos similares afloran con fuerza. Es decir, tanto la Historia colectiva como la vida individual hablan de deserción, de abandono, de claudicación... ante las fuerzas de una existencia que siempre está presidida por el azar y sus imponderables.


Si la Gran Guerra, cuando estalla en 1914, hace pensar a quienes alegremente se enrolan en el ejército que van a “una gran aventura” (basta observar el flujo de ingleses, irlandeses, australianos, neozelandeses, sudafricanos e, incluso, gentes de Terranova, por poner un ejemplo) donde triunfa el sentimiento de hermandad, previa a su caída posterior en el vacío existencial y el sinsentido, el viaje de Jota y su ausencia también lleva directo a otra sinrazón azarosa: la de unos comportamientos familiares que se desparraman por la historia (en este caso, con minúsculas) narrativa. Con ello, el pasado y el presente, colectivo e individual, familiar y personal, se mueven en un eje común y dialogan entre sí para dar algo de luz al ser humano. Ésa es la clave de Los desertores: analizar las carencias que nos definen y que nos edifican para, tal vez, tras observarlas, poder enfrentarnos a la incertidumbre de la vida en la que estamos imbricados y de la que desertamos. De ahí que, en Los desertores, todos los personajes que aparecen en la historia se enzarcen en una explicación y búsqueda de sentido a la existencia.

Si interesante es el uso constructivo de la fragmentación mediante la que Joaquín Berges consigue los objetivos que se acaban de señalar, también lo son los esqueletos basados en el hibridismo genérico en el que cimenta su narración (indicios de novela histórica o de cierto suspense, por ejemplo). Una fragmentación narrativa que permite la existencia de un inmneso puzzle de momentos alternantes que el lector debe unir continuamente hasta completar la historia final. Una acción lectora que, además, debe ser llevada a buen puerto en cada una de las varias historias que protagonizan los distintos personajes de la novela. Especialmente en lo que concierne al grupo familiar y amistoso de Jota que despliegan historias que desde el presente retrotraen al pasado con todo su haz ramificador. ¿Qué enfermedad aqueja a Juana, la madre de Jota? ¿Qué lleva Jota a abandonar trabajo y familia y lanzarse a un viaje por Francia? ¿Que se encierra detrás de la sumisión y obediencia de Hache? ¿Por qué Carol, hermana de Jota, no desea ver a su padre? ¿De dónde viene y qué esconde la pasión bélica del padre de Jota?...Los interrogantes son permanentes, con cada personaje y abren espitas de existencia novedosas, llenas de duda y necesidad de saber, lanzando a la novela por derroteros impensados que se llenan de perspectivas y que, a la postre, dibujan la multiforme faz de la existencia, profusa, además, en aristas. La novela, conforme avanza engorda en personajes y, con ellos, se sazona de vida y de temas.

Por eso en la novela cabe desde la violencia al amor y, entre medio, un enorme arco iris donde asoma el odio, la traición, el engaño, el desamor, la amistad, la sumisión, el dominio, el dolor, la culpa... y el sentimiento de la muerte. En suma, 282 páginas con historias y temas para saborear con fruición y calma en una prosa que absorbe y agrada. Y 282 páginas que incitan a mirar la vida desde otras perspectivas para aprender a tener valor frente a los sinsentidos y absurdos que impone la realidad y que obligan, también, a mirar de cara la verdad de ser uno quien es y no el dibujo que imponen los demás.

Los desertores. Joaquín Berges. Barcelona, Editorial Tusquets, 2018, 282 pp.

(*) Publicada en Revista TURIA, nº 131.

martes, 11 de junio de 2019

RECUPERANDO A JAVIER TOMEO

 NOTA DE PRENSA: REVISTA TURIA
   
TURIA” RINDE HOMENAJE A JAVIER TOMEO

FUE UN ESCRITOR ORIGINAL, VALIOSO E INCLASIFICABLE
DENTRO DE LAS LETRAS ESPAÑOLAS

CARME RIERA PRESENTARÁ LA REVISTA EN HUESCA EL 18 DE JUNIO


El escritor Javier Tomeo será el principal protagonista del nuevo número de la revista cultural TURIA, que se distribuye este mes de junio. Un homenaje colectivo que, a través de textos inéditos, le rinden un total de 20 autores y estudiosos y que permite conocer a fondo a un autor original, valioso e inclasificable dentro de las letras españolas. Cuando apenas han transcurrido seis años de su muerte, quien fuera considerado por muchos como una suerte de Kafka aragonés, es objeto de análisis y reivindicación por haber sido capaz de elaborar una obra sin duda asombrosa y diferente y que gozó también de éxito notable no sólo en España sino, especialmente, en Francia y Alemania.

TURIA pretende descubrir a los lectores de hoy el interés del universo literario de Javier Tomeo. Y es que, según declara su editor Jorge Herralde en la revista; “Sólo un alien como él pudo escribir inolvidables obras maestras”. Fue Tomeo autor de una obra narrativa atractiva y extensa, construida al margen de las modas. Una labor creativa rendida siempre a la extrañeza y al absurdo, a lo disparatado y deslumbrante, a lo monstruoso y anormal. No en vano, uno de sus más celebrados títulos fue Amado monstruo, que obtuvo una clara repercusión internacional.


Las casi 150 páginas que TURIA dedica a Javier Tomeo puede decirse que constituyen una completa aproximación a una obra y a una trayectoria vital que sigue mereciendo la pena. Buena prueba de ello es que, entre los autores que participan en este monográfico de la revista, hay varios especialistas procedentes de otros países así como tres autores de sendas tesis doctorales sobre Tomeo.

El nuevo número de TURIA será presentado en Huesca, en el salón de actos de la Diputación Provincial, el próximo día 18 de junio. La tarea corresponderá a Carme Riera, escritora, académica de la RAE y actual presidenta de CEDRO. Conviene destacar que la Diputación de Huesca ha apoyado económicamente esta iniciativa cultural y la ha hecho viable

UN CORREDOR DE FONDO NADA CONVENCIONAL

El monografico de TURIA sobre Javier Tomeo (Quicena, Huesca, 1932 – Barcelona, 2013) ha sido coordinado por el escritor y crítico Ramón Acín, autor de una tesis doctoral sobre su obra y uno de los estudiosos que mejor la conocen. En su artículo introductorio subraya la condición de Tomeo como corredor de fondo de la literatura española contemporánea y subraya que su mundo literario es el de un autor “outsider, marginal, extraño, raro, insólito o inclasificable”.

Fue Tomeo, escribe Acín en TURIA,un autor que siempre resulta gustoso y denso, sugerente e intranquilizador, divertido y trágico... La extrañeza, lo raro, la anormalidad, la diferencia, lo marginal y demás aspectos practicados por él, en cohabitación con varios elementos más, permiten sobrepasar las tranquilas aguas de una lectura de superficie, apacible e, incluso, hasta risueña. Sin duda, por todo ello, el monstruo Tomeo ha saltado latitudes, idiomas y culturas. Y sus novelitas, cuentos y estampas breves se tornaron universales, además de servir a la vez como textos teatrales”.

Según Ramón Acín, todas las obras del escritor aragonés ahora homenajeado por TURIA, “permiten ese caminar a lomos de una lectura fácil por la espontaneidad y comodidad epidérmicas de la anécdota que las sustenta y, por tanto, fascinan por su extrañeza y por su alud continuo de sorpresas”.

Pero abordarlas así, asegura en su artículo, “supone quedarse sólo en la corteza, realizar una somera navegación de cabotaje o superficial y, en consecuencia, desechando los sabrosas borrascas de alta mar que contienen”. Por tanto, es clave para entender a Tomeo tener en cuenta cuestiones como: “la importancia del absurdo y la inclinación al esperpento que descoyuntan la realidad convencional; la función de los espacios cerrados por donde vagan unos personajes atrapados en unas circunstancias apenas visibles y asibles y, sin embargo, sentidas como posibles y reales”

Además, siempre deberemos considerar otros elementos como “la soledad y la incomunicación que ahoga a esos personajes y a sus espacios; el constante delirio de los diálogos o de los monólogos mediante los que esos mismos personajes se expresan; la agobiante presencia del tiempo cronológico y, por supuesto, el tiempo vivido; el dramatismo subyacente que se destila del encontronazo que conlleva cualquier tipo de relación, preferentemente de dominio/sumisión...”. Todas ellas son cuestiones esenciales para interpretar la ingente obra de Tomeo y que justifican que deba valorarse adecuadamente la riqueza, profundidad e interés de su universo literario.

EXTRAVAGANCIA Y LUCIDEZ

Antón Castro, en su artículo “El lugar de un escritor distinto y solitario”, traza una certera mirada sobre su personalidad y su trayectoria y concluye: Tomeo “ha dejado su poso: su originalidad, su extravagancia, su lucidez, su percepción caricaturesca del mundo, su conocimiento del alma humana y sus paradojas, y ha puesto su prosa depurada al servicio de la ficción y de sus fábulas morales”.

La literatura española de los últimos años –anota Antón Castro en TURIA- no sería fácil de entender sin las aportaciones del hombre que descansa a los pies casi del castillo de Montearagón. Es probable que él, desde allí, ponga en práctica los secretos del oficio:“Escribir es abrir una ventana y ver el paisaje y contárselo a los que no están asomados contigo”.


Además de los ya citados, en el monográfico que la revista dedica a Tomeo, escriben textos inéditos especialistas internacionales como la hispanista radicada en Suiza Irene Andres-Suarez (“Teatricuentos y microrrelatos de Javier Tomeo”) o la profesora francesa Sylviee Fournié-Chaboche, autora de una tesis doctoral sobre el autor aragonés. También ha dedicado una tesis al libro “Amado monstruo” de Tomeo otro de los colaboradores de esta entrega de TURIA: Francisco González García, que estudia ahora su relación con el teatro.

Otros artículos sobre la obra de Tomeo corren a cargo de: Ismael Grasa (“Los contornos del monstruo”), Agustín Faro Forteza (“Tomeo y el cine: un encuentro puntual”), Antonio Pérez Lasheras y María Pérez Heredia (“Aragón en Tomeo, Tomeo y Aragón”), Fernando Valls (“Monstruos y prodigios: imágenes de Javier Tomeo”), Daniel Gascón (“Javier Tomeo: una grieta en la realidad”), Mariano Gistaín (“La Cobertera de Quicena”) y Ángel Rodríguez Abad (“Lúdico, lateral, lírico: Tomeo”).
Uno de los testimonios más valiosos que aporta TURIA es el de su editor de referencia, Jorge Herralde, que publicó en Anagrama buena parte de los títulos elaborados por Tomeo y que asegura que el impacto de las dos primeras novelas (El castillo de la carta cifrada y Amado monstruo) fue muy fuerte, quizá, aparte de su gran calidad, por la sorpresa de un tipo de literatura que no tenía nada que ver con lo que se hacía en España ni en ningún otro lugar. Ya tenía entonces un club de fans que, aunque no muy numeroso, matarían por Javier Tomeo”.

No faltan artículos de quienes fueron otros de sus editores, como Enrique Murillo (“Tomeo, raro entre los raros”) y Juan Casamayor (“Editar a un clásico”). Y en el capítulo de testimonios no pueden faltar los amigos de Tomeo como Javier Gurruchaga (“Tomeo y yo fuimos napoleónicos por derecho propio”), Luis Alegre (“Planeta Tomeo”) o Joan de Sagarra.

Por último, TURIA reproduce un texto poco conocido de Tomeo, publicado en 1972 en la revista “Camp de l’Arpa” (“El prelado acuático y otras pequeñas historias”). Cierra el monográfico una pormenorizada y útil biocronología elaborada por Pablo Pérez Rubio.

TURIA es una revista cultural española de difusión nacional e internacional por suscripción. Con más de tres décadas de trayectoria, actualmente tiene una edición en papel y otra digital (web y Facebook). Está publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputación de Teruel, con apoyo del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Aragón. Este número ha contando también con el respaldo de la Diputación de Huesca.
UN FRAGMENTO DE LA ENTREVISTA INÉDITA A JORGE HERRALDE
SOBRE JAVIER TOMEO

La revista TURIA publica una amplia y reveladora entrevista inédita con Jorge Herralde, fundador de la editorial Anagrama y que es el responsable de haber publicado gran parte de su obra. De esa conversación, mantenida con el periodista Francisco Luis del Pino Olmedo, adelantamos hoy un fragmento en que nos cuenta cómo conoció a Tomeo y los orígenes del escritor.

JORGE HERRALDE: “SÓLO UN ALIEN COMO ÉL PUDO ESCRIBIR
INOLVIDABLES OBRAS MAESTRAS”

Jorge Herralde (Barcelona, 1935) fundador de Anagrama, editorial que cumple cincuenta años del mejor servicio al mundo del libro y los lectores, no solo publicó dieciocho novelas de Javier Tomeo Estallo (Quincena, Huesca, 1932- Barcelona, 2013), fue igualmente amigo del escritor oscense afincado en Barcelona. Su mirada del personaje le atraviesa hasta llegar al individuo, con profundidad serena, y un rastro de afecto perfectamente reconocible.

- Usted conoció a Javier Tomeo antes de convertirse en escritor de una manera un tanto accidental. ¿Cómo fue ese encuentro?

- Conocí a Tomeo antes de ser editor, y casi antes de que fuera él escritor; fue circunstancial, a causa de un amigo común y muy divertido, que me invitó a una tertulia en la Granja Royal, sita en la calle Pelayo. Allí, en un amplio salón se reunían entre once y doce de la mañana una treintena de personas de variopinto pelaje, desde escritores, profesores, pintores, un flautista, oficinistas estrambóticos, a un filósofo apasionado por Hegel y también por las filosofías orientales, además de un número alto de astrólogos y similares. Esporádicamente aparecían el poeta Cirlot y el escultor Aulestia que practicaban un rechazo oblicuo, absentista, al sistema. Y entre todos ellos estaba Javier Tomeo que entonces trabajaba en el gabinete jurídico de la Hispano Olivetti. Yo, que estudiaba ingeniería en aquel tiempo, me aficioné a ir allí, y estuve un par de años frecuentándola.

- Parece una tertulia muy del estilo de Javier Tomeo teniendo en cuenta que el esoterismo le atraía.

- Algo de ese mundo le fascinaba. Por la tarde y algunas noches, la tertulia continuaba en un circuito de bares en las Ramblas y alrededores, al que Tomeo llamaba el “polígono mágico”.
Cuando dejó Hispano Olivetti entre los diferentes trabajos que ejerció fue el de rellenar horóscopos –inventados naturalmente- para una astróloga amiga que dirigía una revista de ese tipo. Y escribió con otro contertulio de la Granja Royal, apodado “el Bruixot”, un libro sobre la brujería y la superstición en Cataluña.

- Había ya publicado algo en el tiempo que usted le conoció en esa curiosa tertulia?

- En aquella época ya publicaba de cuando en cuando un cuento que firmaba con su nombre y sus dos apellidos: Javier Tomeo Estallo, en el desaparecido diario “El Noticiero Universal”, que llegó a ser el periódico vespertino más influyente de Barcelona. Ya entonces apuntaba que era (o se convertiría) en un escritor autodidacta que, más bien lo que leía eran cosas medio esotéricas, pero no novelas –confesado por él mismo-, porque si la novela era mala, para qué perder el tiempo, y si era buena, le daba rabia no haberla escrito él. ¡¡Era tremendo!!





lunes, 10 de junio de 2019

ACERCAMIENTO AL PINTOR SERGIO ABRAÍN (Revista CRISIS)

EL AYER Y EL AHORA, EL ENTONCES Y EL HOY. 
(UNA VISIÓN AMISTOSA Y VITAL SOBRE SERGIO ABRAÍN)

JAVIER TOMEO recordado en la Revista TURIA

Una selección de artículos, breves ensayos y aproximaciones a Tomeo y su obra
 en el próximo número (131) de la Revista TURIA.

jueves, 6 de junio de 2019

FERIA DEL LIBRO ZARAGOZA (FIRMAS)

Día 8 de junio 2019 (Mira Editores)
Día 9 de Junio (FNAC)


viernes, 31 de mayo de 2019

MARTA SANZ en CONVERSACIONES CON EL AUTOR


"Conversaciones con el autor"
(Diputación de Zaragoza - DPZ)


Coordinación: Ramón Acín


MARTA SANZ
martes 4, en Calatayud y Ejea de los Caballeros 
miércoles 5 en Zaragoza.

Biblioteca Municipal de Calatayud 
Ayuntamiento de Ejea de los Caballeros 

viernes, 3 de mayo de 2019

CONVERSACIONES CON EL AUTOR: JESÚS CARRASCO


6 y 7 de mayo de 2019.
Conversaciones con el autor: Jesús Carrasco.

6 de mayo:
18 horas: Biblioteca Municipal de Mallén
20 horas: Biblioteca Municipal de Tarazona.

7 de mayo:
20 horas: Antiguo Salón de Plenos Diputacion de Zaragoza

domingo, 28 de abril de 2019

A LO LARGO DE LA VIDA (entrevista)




DIARIO DE TERUEL 28 ABRIL 2019,
Carlos Gurpegui
Zaragoza

Menuda semana ha llevado usted compartiendo literatura. Comenzó el lunes en mesa redonda sobre letras y justicia junto a Pepe Royo y Carlos Tundidor, un argumento universal, vamos, y gran alternativa a tanto debate de partidos.
Sí, casi como dice el refrán: “En abril, aguas mil”, pero también hay semanas de sequía. La justicia es clave para la convivencia, para marcar derechos y deberes y, por tanto, un tema universal para la literatura. En esa mesa redonda, hablaMos de su presencia en nuestras obras literarias, de su contaminación actual o, mejor, de sus burdas dependencias pese al ejercicio de los profesionales. De como aquellos polvos de la Transición han traÍdo estos lodos, raíz de muchos escándalos recientes y, en consecuencia, de la necesidad de reformarla. También de la jerarquía, de si hay justicia para ricos y justicia para pobres...y, por supuesto, de justicia y literatura ante la estúpida problemática de los derechos de autor cuando uno se jubila.
¿Cómo fue su día de firmas en el Día de Aragón, Día del Libro? ¿Un nuevo encuentro con lectores entre fina lluvia? Eso fue el martes.
Normal. A pesar de la lluvia, bastante gente, mucha conversación con los lectores gracias a los libros como vía de intercomunicación, de placer o de reflexión. Un día de entusiasmo que debería prolongarse a lo largo del año, porque la lectura es vida, es aventura, es modelo, es relación, es libertad...y es, en definitiva, lluvia fina que cala, modela, ayuda y hasta divierte cuando se practica.

Organizado por el Patronato Municipal de Educación y Bibliotecas y la Asociación Aragonesa de Escritores, al día siguiente tuvo la lectura pública de ‘Monte Oscuro’, su particular ‘Macondo’.
Bueno, fue todo un honor escuchar las historias que uno ha pergeñado descolgándose de labios de lectores insospechados. Desde aquellos lectores que pertenecen a otras culturas y nacionalidades, pasando por lectores habituales que se sumaron al acto, hasta la emocionante pasión de los chicos y chicas del CEDES que destilaban su gran esfueRzo y sus ganas por vivir y, sobre todo, sus ganas de formar parte de la sociedad. Todo un orgullo, además, que se haya celebrado en el Salón del Ayuntamiento de Zaragoza y de que el alcalde y varios de los concejales del consistorio se hayan sumado también a la lectura como un ciudadano más, de que la Asociación de Escritores Aragoneses me haya propuesto y de que el Patronato de las Bibliotecas Municipales de Zaragoza lo haya llevado a cabo con tanto mimo. Sí, “Monte Oscuro”, mi “macondo” particular, adquirió vida, una vida plural y rica entre tantos lectores.

Y el viernes presentó su último libro de relatos titulado ‘A lo largo de la vida’ (Mira Editores), que comienza con cita de Rilke sobre la resistencia, y habla de la vida de los años, que apuntaba Lincoln.
Habla del tiempo y de su transcurrir, y, especialmente, de la soledad, otro tema universal de la literatura. Habla de la soledad y sus diversas formas de manifestarse. A veces, de forma impuesta, otras elegida y, también, en ocasiones empujada por el azar. La soledad como arma defensiva, la soledad como vida, la soledad como costumbre...sea ésta entre muchedumbres, en el corazón de la naturaleza, en medio de la sectas o, incluso, viajando. En suma, el tiempo a lo largo de los años, a lo largo de la vida en su manar continuo y diverso, azaroso u obligado. Resistir y vivir, simplemente, a la vez que se disfruta.

Son preciosos relatos breves que encierran sabia poética. Como un buen vino de Las Moradas de San Martín, se leen a sorbos.
Bien traÍda la metáfora literaria en la pregunta y, también, buena garnacha la de “Las Moradas de San MartÍn”, cultivada en el límite entre Madrid y Ávila (de ahí, “Moradas” por Santa Teresa de Jesús) perteneciente a Bodegas ENATE que ha buscado unir vino y literatura. Sí, creo que “A lo largo de la vida” son relatos que se paladean, a veces con sorbo prolongado mientras que, en otras, exigen una libación mínima y suave, aunque siempre, eso espero, el paladeo está asegurado. Como los buenos vinos, cuando menos, en estos relatos busco reposo, que tiendan al saboreo y a la reflexión para así llegar definitivamente al placer. Es en verdad lo que me sucedió al escribirlos y espero que algo similar se experimente al leerlos.

Vivimos rodeados de demasiadas sentencias, se expresa entre líneas, y en especial en ‘Tuvieron su hora’, relato de gran belleza y reconciliación.
Los refranes acumulan la sabiduría emanada de la costumbre que certifica el paso del tiempo. A mí me agrada su uso. Tal vez, por su capacidad de conexión con los lectores o por la seguridad que emanan, aunque, en ocasiones, asfixien. En “Tuvieron su hora” analizo una realidad que fue vital en unos años muy concretos cuando la ciudad acabó ahogando a determinadas personas que vieron en la naturaleza la vía de escape. Es, por tanto, un canto a la vida rural primigenia, pero también la certificación de un fracaso. Hoy que tanto se lleva el tema de la despoblación en España convendría analizar el por qué de esas ilusiones de vida y de esos fracasos. La furrufalla de unos y de otros no hace otra cosa que esconder la verdad. Y, por cierto, me agrada que haya observado el carácter reconciliador del hombre y la naturaleza por más que acabe en huida.

En tiempos de polución de noticias y redes sociales, ¿qué es la soledad? Como la del Largo, que busca salir de la pesadilla de la historia; o tener miedo de la propia soledad como en ‘Menoscabo o consuelo de un sueño’.
La soledad está muy presente entre la muchedumbres y, especialmente, en medio del ruido de la comunicación de medios y redes actuales. Parece cierto eso de que cuanto más profusión e, incluso, más proximidad, se da también una mayor invisibilidad. Eso es la soledad: aislamiento e intemperie en medio de todas las posibilidades de intercomunicación y de calor. Ante esa circunstancia, las reacciones son muchas. A veces, como afirma al citar “Menoscabo o consuelo del sueño”, puede ayudar el miedo, pero las más de las veces se acaba en la búsqueda de una puerta salvadora tenga o no carácter de huida. O, simplemente, en unas puertas que se apoyen en la ironía o la risa, dos buenas armas de salvación.

Soledad, una compañera activa que obliga a abrir los ojos y a conocerse, como describe en ‘De la edad madura en vía muerta’. ¿Llega a tener rostro propio?
Lo mejor de la soledad es que, cuando uno la asume, ayuda en la vida. No hay mejor pertrecho que aceptar la intemperie que te rodea para darte cuenta de quien eres. La soledad como estado de reconocimiento es clave en la vida y quien no llegue a ese estado de asunción lo puede pasar mal. Estar en Babia no es del todo bueno aunque momentáneamente tenga efecto sanador. Por eso, el aislamiento adquiere importancia a la hora de la indagación profunda, ésa que da sentido a la hora de vivir la vida.

—“De nada sirve mudar de lugar si la geografía interior no cambia”, escribe en ‘Miliciano Frankenstein’ que dedica a Fernando Marías.
He escuchado muchas veces a gente que dice que viaja casi para mudar de piel. Y eso es imposible. La geografía, el paisaje, el cambio... son sólo sedantes momentáneos. Aunque el entorno acompañe y ayude, la clave de la existencia no está en el exterior de la persona, el meollo de todo radica en uno mismo. Conócete a tí mismo, decían los griegos, un aserto que no debemos olvidar. Viajar como turista es una falacia, un caramelo más de la sociedad consumista.

¿Qué es la ausencia en el imaginario de Ramón Acín? En ‘Viaje a ninguna parte’ apunta que junto con la lejanía suele ser beneficiosa.
Para completar la pregunta anterior y contestar a ésta con más concreción debo decir que viajar de verdad ayuda a comprender. O que viajar evita que te mires el ombligo durante toda tu vida y que veas lo importante que es la diferencia, y que sepas que tu rutina no es la única verdad. Y, en consecuencia, que viajar debe conllevar una indagación en el interior de cada cual. Eso conlleva el viaje real y su enorme capacidad de conversión. El viaje contiene la ausencia. Y la ausencia es notar la falta de cuanto conoces, sean personas o paisajes, o la ausencia de cuanto sabes, al tiempo que te adentras en lo desconocido y estás obligado a buscar la lógica en ese desconocimiento. Por eso, viaje y lejanía son tan beneficiosos. Porque los apoyos desaparecen y uno se ve empujado a reconstruirse sobre unos entornos ignotos o, cuando menos, en unos paisajes y ambientes no habituales.

Muchos estarán de acuerdo con lo que dice: “El azar es un dios borde”. Siempre utiliza este tipo de adjetivos con delicada rudeza.
Nadie, creo, duda de que el azar lo preside todo, incluso el mismo hecho de nacer cualquier persona. ¿Por qué nacemos? ¿Acaso uno pide venir a la vida? Somos producto del azar presidido por unas decisiones que no son nuestras y que, sin embargo, nos marcan para siempre. ¿Hay algo más borde, más cruel que responder de por vida a una decisión en la que no somos ni arte ni parte? Eso es la vida. Y eso es apechugar con ella. Por tanto, que mejor que la ironía, la sonrisa, la somardez...y, en consecuencia, el buen adjetivo acompañando lo menos gratificante de la vida. Además, a mí me gusta mucho el uso exacto de las palabras y ahondar en su capacidad para la certeza cuando se denominan la cosas. Claro que ese uso no tiene porque conllevar rudeza o, al menos, no siempre. Es bueno quitar hierro, usar de la delicadeza, amainar la fiera.

Sus protagonistas acostumbran a buscar la paz de la convivencia, todo un horizonte (perturbador) para nuestros días.
No vivimos, pese a lo que nos venden, en una sociedad del bienestar, sino en la sociedad del egoísmo de lo propio. Cada cual tira para sí mismo por mucho que le de a la lengua en dirección contraria. “Ande yo caliente y ríase la gente” escribió Quevedo. Y ahí seguimos. Pero estamos condenados a convivir. No queda otra que limar relaciones, acceder al vecino y acomodar el paso hasta hacerlo común. La felicidad, si existe, podría ser eso: vivir y dejar vivir, olvidar dominio y sumisión. Es decir, paz y convivencia.

—‘El universo son los otros’, o “el niño que colecciona ilusiones antes de tropezar con la vida”, apunta en el relato.
Soy de los que piensan que vivimos en los demás, que actuamos en función de cómo deben vernos los demás, que nuestra libertad y nuestros actos están coartados por esa visión ajena. Porque si nos mostrásemos tal cual somos, seríamos pasto a devorar en un santiamén. Y la vida, cuando la inocencia acaba, nos muestra todo ello bien a las claras. Existimos en tanto en cuanto formamos parte de un clan, de un grupo, de una comunidad, de una nación...todo un universo plural que nos modela a su manera. Luego, la vida son los otros.

—‘La vida continúa’, aunque breve, es uno de sus textos más cinematográficos.
Pertenezco a la generación que nació a golpe de películas y, pese a lo que me atraen las palabras, confieso que el cine preside muchas de mis historias cuando las estoy escribiendo. Me alegra que veas en ese cuento aspectos cinematográficos. Sin embargo, he de confesar que su raíz está en la narración de una amiga (precisamente a la que le dedico el relato) y que, por tanto,tiene mucho de realidad. Y es que la realidad, pese a la gran potencia del imaginario cinematográfico, suele superar a la ficción. No siempre una imagen vale más que mil palabras.

Le da la mano a Borges en cita y portada de libro: “La muerte es una vida vivida”. Omite que “la vida es una muerte que viene”, en un relato social sobre el olvido: ‘Despojos, momias y demás ralea’.
Son dos citas claves y complementarias. La vida no tiene sentido sin la muerte y la muerte acaba con la vida cuando el olvido cubre ésta es ya inexistente. Vida y muerte se resumen en memoria. Y memoria es lo único que, en verdad, somos los humanos, incluso después de muertos hasta que definitivamente nos cubre el olvido. Somos memoria mientras vivimos. Y, tras la muerte, sólo existimos mientras se tiene memoria de nosotros. Sólo hay que visitar los cementerios y sus lápidas para entender.

—‘A lo largo de la vida’ es un volumen ágil, refrescante y luminoso, que se lee solo. Termina con ‘Cuidado con el suelo que se pisa’. ¿Un aviso a navegantes?
Gracias por lo de ágil, refrescante y luminoso, una trilogía perfecta para un narrador. Está bien visto ese cierre como aviso para navegantes, sobre todo si el lector cae en la cuenta de que el protagonista de la historia ya no es un humano, sino un perro quien lamenta la ausencia y la fuerza de la soledad antes de que llegue el previsible el olvido.